28.6.15

Irte de vacaciones sin estar

Ayer me caducó el premio de la única rifa que he ganado en mi vida. El año pasado por estas fechas invité a un grupo de amigos a cenar en un restaurante mexicano para celebrar mi cumpleaños, y cuando pedimos la cuenta, nos ofrecieron participar en una rifa en la que te podía tocar el fin de semana que tú quisieras a lo largo del próximo año, en la ciudad de España que tú quisieras en la que existieran hoteles de esa cadena de cinco estrellas.

Llamé tres veces, pero en ninguna de las ocasiones me permitieron hacer la reserva: no me dejaban ir sola porque era una promoción de una cadena (desgraciadamente no recuerdo el nombre) que quería orientar su publicidad hacia el respeto por los valores familiares, por supuesto cuando planteé que iría con mi mejor amiga casi se santiguan, y la opción de ir con mi perra ni se la plantearon. Y claro, no se me ocurren otras opciones. Ojalá pudiera ir sin estar y disfrutar así de unos días de casi vacaciones, pero aún así, tampoco sé si me dejarían.

21.6.15

Oliver Sacks on keeping a diary


 Sacks writes:
I started keeping journals when I was fourteen and at last count had nearly a thousand. They come in all shapes and sizes, from little pocket ones which I carry around with me to enormous tomes. I always keep a notebook by my bedside, for dreams as well as nighttime thoughts, and I try to have one by the swimming pool or the lakeside or the seashore; swimming too is very productive of thoughts which I must write, especially if they present themselves, as they sometimes do, in the form of whole sentences or paragraphs…
But for the most part, I rarely look at the journals I have kept for the greater part of a lifetime. The act of writing is itself enough; it serves to clarify my thoughts and feelings. The act of writing is an integral part of my mental life; ideas emerge, are shaped, in the act of writing.
My journals are not written for others, nor do I usually look at them myself, but they are a special, indispensable form of talking to myself.
Dr. Sacks captures a thought in his journal at Amsterdam's busy train station (Photograph: Lowell Handler)
He adds:
The need to think on paper is not confined to notebooks. It spreads onto the backs of envelopes, menus, whatever scraps of paper are at hand. And I often transcribe quotations I like, writing or typing them on pieces of brightly colored paper and pinning them to a bulletin board.
Read more: Brain Pickings 

Diario

Hoy me he encontrado con un amigo multimillonario que me tira los tejos desde que tengo catorce años, pero es que no me pone nada. Y eso que me resolvería muchos problemas y me conseguiría otros nuevos.  Pero me resulta imposible. Una vez le hice una paja en casa de sus padres cuando yo era una adolescente. Fue de las primeras que hice. Estuvo bien, porque siempre es halagador que un tío mayor se lo pase bien tan rápido con un pequeño esfuerzo de tu mano. Todavía no sabía que hacerle una paja a alguien también te podía gustar a ti, así que no le di muchas más vueltas al tema. Fue más bien parte de mi propio proceso de experimentación con el sexo ajeno. El caso es que me ha gustado reencontrarme con él. Le va de la hostia, pertenece a un planeta que me resulta lejanísimo, pero es tan suave, tan culto y tan educado, que el viaje interplanetario se convierte en una especie de visita cultural, como en el colegio cuando éramos pequeños y nos llevaban de museos.

17.6.15

Hombres en ruinas por todas partes



Qué complicado te ponen los hombres de más de 40, el ser mujer a partir de los 40. Qué capacidad tan enorme tienen para ponerte trabas a la hora de, ya no sentirte atraída por ellos, ni como amantes ni como amigos, sino de respetarles.

Una trata de construirse por dentro, de hacer cosas interesantes, de convertirse en una mujer lo más completa y mejor amueblada posible, y es un camino que tienes que recorrer sola. Ellos, da igual que sean de tu entorno laboral, personal o profesional, que pierden la concentración en cuanto se les cruza una chica de 20 años en pantalones cortos, y el respeto o admiración que pudiste sentir, se cae a la misma velocidad que un edificio se convierte en ceniza al ser demolido.

Yo no quiero que nadie me valore por mi culo. No me interesa. Pero una no vive sola apartada del mundo. En tu entorno no te queda más que lidiar con hombres de tu edad o mayores, para los que eres invisible.

Tus proyectos, tus logros, tus intereses, por lo visto solo son tuyos a partir de los cuarenta si nada tienen que ver con enseñar el culo o las tetas.

6.6.15

Diario

La ventaja de ser miope, es que al ver borroso, tú decides si lo que tienes delante son rosas de pitiminí, o plantas de algodón. Y yo he optado por lo segundo. El caso es que hoy estaban en flor. Mira que llevo años yendo a ese parque, y solo me había fijado en los rosales grandes y en el increíble olor que despiden esos árboles cuando están en flor. No sé qué son, parecen acacias con un tronco que han tomado prestado al árbol de al lado. Después de tener casi 20 días a la perra en celo, por fin la he podido llevar a un sitio en el que se relacione con otros animales y se bañe en la fuente. Que estaba asquerosa, por cierto. Después han empezado a sobrevolarnos cazas y nos hemos ido. Creo que hoy es el día de las fuerzas armadas. No lo sé. No es información que me interese lo más mínimo.

5.6.15

Diario

En los últimos meses he ido tejiendo una lona que por fin ya me envuelve todo el cuerpo. Como un edificio en ruinas sujeto por endebles andamios. Para que nadie me vea. Para que no se enteren de que existo. Para que ni siquiera yo me encuentre con mi propio reflejo. Porque con el tiempo me he convertido en un monstruo. Mis vicios han salido al exterior en forma de heridas que supuran, y el paso del tiempo las infecta. Caminar por la calle pegada a las paredes ya no alivia. Así que he optado por imponerme un burka.  

2.6.15

"Cómo se hace una chica", Caitlin Moran


Hacía tiempo que no me leía un libro tan chorra y me ha encantado. La cosa comienza con la protagonista, una chica de 14 años, narrando en primera persona (toda la novela está escrita en primera persona, y aunque la autora afirma que no es ella, sí reconoce en una nota al comienzo del libro, que se le parece bastante) cómo se masturba y lo feliz que le hace siempre ponerse a ello. Y tiene gracia. El tono es perfecto. Así que, a partir de ahí, ya no pude soltar el libro hasta terminarlo.

Confieso que al principio con reparos: primera persona, tono gracioso y autocompasivo, la autora es una columnista de éxito... pero no se parece en nada a Bridget Jones, y además se agradece mucho que no sea norteamericana puesto que creo que solo el humor inglés es capaz de levantarme una sonrisa. Y no me suelo reír jamás con los libros, pero en este caso me descubrí a carcajada limpia en alguna página.

Al grano.

Se trata de una niña de catorce años de clase obrera, lectora compulsiva, a la que le gusta el sexo hasta donde lo conoce, con lo que, lógicamente, se muere de ganas de descubrir cómo será con alguien más que con ella misma. Además es la única de su clase que queda por follar porque, según ella, está gorda. O sea, todo normal. Pero contado con mucha gracia, salpicado de referencias literarias muy bien colocadas, que no estorban ni resultan pedantes, tierna, insegura, curiosa, ingeniosa... y además con conciencia de clase y orgullo obrero.

Va un párrafo en el que está aprendiendo a hacer mamadas:

"Al principio me sorprende lo agradable que es tenerlo en la boca; lo encuentro francamente reconfortante. Es como chuparte el pulgar, pero mientras haces inmensamente feliz a otra persona. Me gusta lo campechano que es; me halaga que su dueño confíe en que no se lo voy a morder, lo que tal vez demuestre que aún soy muy joven. Seguro que las mujeres de cuarenta y tres años no piensan: ¡Mira, no lo muerdo!"

Y este párrafo, que me gusta mucho más:

"Al fin y al cabo, nunca he visto correrse a ninguna mujer, excepto en Cuando Harry encontró a Sally, que, para mí, sigue siendo una escena sobre un sándwich increíble, más que sobre sexo. Estamos en una época anterior a la pornografía por Internet. En todas las películas guarras que he visto, sólo se corren los hombres. De alguna manera, tendría que inventarme el orgasmo femenino antes de poder alcanzarlo habiendo otra persona en la habitación. No tengo ninguna plantilla para saber en qué momento del acto sexual encaja, ni cómo. ¿Qué hago, me corro antes de follar, o después? ¿En qué orden suelen ir estas cosas? ¿Cuánto tengo que tardar en correrme? ¿Tardo demasiado? ¿Tengo que renunciar si con un tío tardo más de cuatro minutos, por decir algo? (...)"

Si hubiera que ponerle una pega, en ocasiones alarga demasiado las situaciones, pero esto ocurre con muy poca frecuencia. Así que, como lectura que no tiene mayor pretensión que la del mero entretenimiento, está muy bien. Y que hacen mucha falta las voces femeninas.

Entrada destacada

Las plantas de mi tía Carmen