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Mostrando entradas de abril, 2013

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palomas

He soñado que llegaba a mi casa de día. Que al abrir la puerta el sol me deslumbraba, y al escuchar una sacudida me asustaba. Al ordenar mi cabeza la escena, veía un grupo de palomas batiendo las alas buscando una salida.

Manual de posturas para escribir

Hay gente que, antes de escribir, aspira profundamente. O cierra los ojos y escucha. Hay gente que primero bebe. O sale a la calle y observa. O mira a través de una lupa. Hay gente que para escribir necesita fumar en pipa. O nadar en el mar, y reírse o llorar. Hay gente que escucha música. Gente que la escribe. Y otros, para escribir, simplemente meten tripa.

enamoramiento

Me he enamorado de un hombre que ha salido en la tele. Yo estaba viendo las noticias, hablaban sobre incendios veraniegos, y de pronto un hombre parecido a Harvey Keitel pero más joven, ayudaba a los bomberos a apagar un fuego. Se veía que era fibroso. Moreno, casi agitanado. El gran follador de su pueblo o a lo mejor un simple colaborador secretamente tullido. Pero a mí se me ha movido algo por dentro, y he decidido buscarlo. He llamado a centralita de la emisora de televisión, he preguntado por una amiga que es secretaria de informativos, y le he pedido que me ayudara a localizar a ese hombre. Por supuesto, la he mentido. No puedo pedirle que pregunte por un hombre que me acaba de apetecer. Al cabo de unas horas descubro que es un joven granadino que vive en un pueblo de la sierra, que puedo encontrarle en un bar, que vive en tal calle, e inmediatamente, sin razón alguna, he perdido completamente el interés por él.

el cuerpo

De pronto, durante pocos segundos, una serpiente de aire frío te recorre la espalda. Tus brazos se convierten en toboganes por los que se deslizan gotas heladas y, como tu cuerpo no sabe reaccionar, decide que lo mejor es terminar todo esto con un buen estornudo.

coleccionar cosas

De pequeña me gustaba coleccionar cosas. En realidad lo que me gustaba era empezar colecciones. O coleccionar colecciones que acababa de empezar. Porque los objetos a coleccionar suelen ser fáciles de recopilar. Pero coleccionar colecciones incompletas es casi imposible. Son tantas las posibilidades que es casi imposible saber qué acabas de empezar a coleccionar.


...

Mi vergüenza me envuelve en un escalofrío. Sudo un vapor ácido que a la vez me protege, supongo que para no volver a caer en mi propia torpeza. Si una mano me ofreciera destaparme, la cubriría con lágrimas tan infantiles como despreciables. Mi mundo se cierra un poco más. Mis alas se humedecen y mis pestañas se pegan para que mis ojos, un día, se abran de otro color.

risa

Me he despertado llorando de risa. A carcajada limpia. Hasta que me he cruzado con la mirada penetrante de mi perro. No sé de qué me reía, pero sé que a mi perro no le gusta que banalice sobre ciertas cosas.

maniquíes

Me gustan los maniquíes. Son como los deseos de los muertos. O deseos muertos. O el eco de alguien que se arruinó. O como muertos intentando ser alguien. Pero que solo consigue llegar al disfraz. Un disfraz muerto. Un muerto vestido de alguien que jamás vivió.

calor

El calor me hace sentir como si tuviera la mente líquida. Si subo escaleras los pensamientos se me resbalan hacia atrás. Si se levanta viento, produce en mi cabeza un suave oleaje y todo lo que pienso se humedece, se refresca, mi memoria tiene escote y mi pudor se quita el traje de baño.

desencuentros

Mi mano derecha se lleva mal con la izquierda. Pero bien con el pie derecho. Entonces le grita y le propone planes. Y la mano izquierda se cela, y se pega al culo poniendo el brazo en jarras como diciendo "¿de qué coño vais vosotras dos?".

tiempo

Algunos días tienen más minutos que otros. Algunas horas tienen menos que otras. Y hay años que pasan de cinco en cinco, o tienen 30 meses, o unas pocas semanas. Y hay gente que vive cada minuto. Otros los multiplican, algunos los ralentizan, y muchos los comparten, los suavizan o los maquillan exageradamente hasta convertirlos en siglos de muerte lenta.

rodaje

Me gustaría protagonizar un anuncio. Hacer de mariposa. O de oso hormiguero. Sentarme en una sala de espera y que me griten "¡adelante!", y entrar en un plató lleno de comida de mentira, pasar la lengua por todo, y revolotear entre los focos. Veinte segundos frenéticos, haciendo anuncios en directo.

vecindario

Me han entrado ganas de molestar a mi vecino. Así que de repente, he empezado a golpear la pared que nos separa, como muy molesta. A cada rato unos golpecitos. Hasta que ya me he puesto de los nervios. He ido a llamar a su puerta, me ha abierto, y ha salido corriendo a dar golpecitos en la pared que comparte con su otra vecina. Que está realmente histérica. Dando golpes insoportables contra el techo, que da al suelo de la azotea.

la vieja caja de zapatos

He encontrado una vieja caja de zapatos con los restos de mi infancia. Al abrirla, mis recuerdos de niña de coletas jugando a polis y cacos se han dado de bruces contra el suelo. Lo que quedaba eran juguetes robados a mis hermanos, ya destrozados. Muñecas decapitadas, sin ojos o con las trenzas cortadas, y papeles con diabólicos dibujos de pájaros muertos, personas deformes y basureros. También está el recordatorio de mi primera comunión, los dientes que el ratoncito Pérez no quiso, y un reloj con el cristal partido y las agujas clavadas en un trozo sucio de algodón. Cuando he cerrado la caja, con la cabeza apagada por el cambio de rumbo de mis recuerdos, se me ha acercado una niña pequeña queriendo quedársela. Se la he entregado y al abrirla ha puesto cara de sorpresa, de asco, de pudor. De niña mayor. Me la ha devuelto y ahora la que quiere volver a jugar soy yo.

fuera de sitio

Ayer por la noche, mientras miraba a través de la ventana del tren a medida que nos íbamos acercando a Madrid, tenía la extraña sensación de que todo estaba fuera de lugar. Trataba de descubrir barrios que nunca he visitado atravesando con la vista la débil luz de las farolas que pasaban cada vez más despacio. De pronto vi en un banco a unos chicos riéndose y en seguida a otro que nos enseñaba el culo. Después oscuridad, y a veces luces. Y mucho silencio. Y calles vacías y farolas cansadas. Y todo desordenado. Fuera de lugar. Las cosas lejos de donde se suponía que estaban. Como en una dimensión extraña. Y cuando el tren finalmente se paró, salí tirando de la maleta, caminando despacio, arrastrando el cuerpo bajo un calor seco y pesado. A lo lejos vi a mi tía que se acercaba, me fijé en que tenía algo raro en el hombro. Un bicho. O no, era demasiado grande para ser un bicho. Me acerqué más. Y descubrí una mantis religiosa sobre su camisa de hilo mientras ella, con una sonrisa vieja y …

desencajada

Estaba mirando el escaparete de una tienda, cuando he visto que dentro el vendedor se acercaba e intentaba coger algo que le indicaba un comprador. Su mano ha caminado con la ayuda de los dedos durante unos segundos, pero al no encontrar lo que buscaba, se ha asomado hasta que con la mirada se ha parado en mí. Entonces ha salido de la tienda, me ha agarrado de la muñeca y ha empezado a desencajarme las piezas encima del mostrador. Una a una. Hasta que me ha metido en una caja, le ha hecho varios agujeritos para que yo pueda respirar, y después he ido escuchando cómo me envolvía para regalo sin respetar la ventilación. No encuentro mi boca, mi nariz está tapada por una rodilla, me estoy ahogando a pedazos, y no consigo encontrar mi ojo para poder ponerme a llorar.

El cuello

A partir de ahora he decidido no utilizar el cuello. Prescindo de él, ya no lo quiero. He decidido no girar, ni mover, ni torcer la cabeza. No mirar a nadie por encima del hombro, ni afirmar ni negar con gestos. A partir de ahora las bufandas se caerán por su propio peso, las orejas me rozarán los hombros y mi cuerpo estará pegado a mi cabeza sin necesidad de esa especie de pasillo torpe. Ya no habrá besos por el cuello, ni collares. Ya no habrá cuello. Si quiero mirar a la derecha tendrá que ser con el cuerpo entero. Y luego me pienso si necesito para algo los dedos del pie izquierdo.



Camisa de fuerza

A veces cruzo los brazos para sujetarme. Para mantenerme recogida dentro de mi propio cuerpo y no largarme. A veces tengo tantas ganas de salir de mí, que me hago una camisa de fuerza con los brazos, y tengo que cruzar las piernas para no salir por abajo.

Mi memoria

Dice mi memoria que yo antes vivía en una casa grande, muy grande. Con muebles inmensos y una cama gigante. También dice que siempre hacía buen tiempo, que las calles estaban llenas de frondosos árboles, la gente era amable y las cosas fáciles. Que tenía grandes amigos, veranos intensos, eternos y divertidos. Que mi familia era perfecta, unida, alegre. Que yo era feliz, que aprobaba sin estudiar. Que me pasaba la vida en la calle, o jugando con mis hermanos mayores. Yo personalmente no recuerdo así las cosas, pero no voy a empezar a discutir ahora con mi memoria.

Frases

A veces, sobre todo cuando estoy cansada, mi cabeza funciona a un ritmo desacompasado. Antes de escribir una palabra ya la he olvidado. O mientras la escribo creo que ya lo he hecho y luego me faltan sílabas. A veces olvido que las he puesto, las vuelvo a escribir y me sobran. Entonces, cuando releo, descubro nuevas palabras abreviadas, palabras prolongadas, o simplemente, no vuelvo a releer jamás cuadernos enteros llenos de frases cansadas.

La playa

Una larga y fría playa en un día soleado de invierno. Los azules del mar a veces son grises, y la marea ha limpiado lo que las olas ahora cubren de arena. Una anciana de pelo blanco vigila a sus cinco nietos que construyen castillos puntiagudos entrelazados por túneles que a veces se cubren de agua. Una obra de ingeniería infantil, rodeada de herramientas de colores, rozando la catástrofe. La mujer, abrigada en su hamaca, teje tranquila una tela pequeña mientras les observa con ternura. Se trata de una reproducción en punto de cruz, de Saturno devorando a un hijo.


El brazo

A mi padre le amputaron el brazo izquierdo tras un accidente de coche en el que conducía su hermano gemelo. Esto fue hace mucho tiempo, y desde entonces la relación entre los dos cambió radicalmente. Mi tío se siente culpable, cree que es a él al que le debería faltar un miembro, y mi padre le quita hierro al asunto hablando del tema con una naturalidad que a veces resulta hasta chocante. Afirma que aún es capaz de sentirlo, así que en las reuniones familiares, mi tío le pregunta con gran interés por su brazo inexistente, y mi padre le contesta como si le estuvieran preguntando por la salud de su mascota. Es curioso. Desde aquel accidente, mi padre se ha conseguido conservar mucho más joven que su hermano. Supongo que la culpa hace que uno envejezca antes.

Dear neighbor...

Las lecturas más políticas del periodista Javier Lezaola

¿Crees que la Literatura juega un papel importante a la hora de remover conciencias?
Normalmente juega un papel fundamental. Sin la literatura es muy difícil que se remuevan conciencias, aunque no toda la literatura sirve para ello. Si se trata de remover conciencias, yo creo que hay que saber elegir lo que se va a leer y utilizarlo para analizar la realidad política, económica y social.

¿Por qué crees que hay que leer?
Porque en los libros está todo o casi todo. A través de la lectura podemos conocer otros mundos –reales o imaginarios–, pero también podemos comprender mejor el nuestro e incluso incidir de alguna forma en él. Y leer también es fundamental si se aspira a escribir medianamente bien.

¿Cómo empezaste a leer libros con peso político? ¿Con qué autores te estrenaste? ¿En qué situación te encontrabas?
Empecé a leerlos en casa, siendo estudiante y unos años antes alcanzar la mayoría de edad. Leí más o menos pronto obras políticas clásicas como el ‘Libro Rojo’, de Mao, o ‘La Histori…

Entrevista al escritor irlandés John Banville

“Para nosotros los irlandeses, el inglés es un idioma extranjero”

Uno de los mejores escritores vivos en lengua inglesa, el irlandés John Banville nació en Wexford en 1945. Entre sus obras más destacadas se encuentra La carta de Newton, El Intocable y El libro de las pruebas, por el que fue candidato al Booker Prize en 1989, premio que consiguió en 2005 por El mar. Ahora nos sorprende con Antigua Luz, una novela sobre la memoria, que desborda erotismo y sensualidad.


Banville es un hombre de gesto serio, mirada fría, pausado y observador. Pero salpica toda la conversación con frases irónicas, anécdotas, citas de otros escritores, y un poco de humor negro. Se pide una copa de vino blanco mientras hace comentarios sarcásticos sobre la música de fondo que hay puesta en el local, convirtiendo la entrevista en un cómodo y entretenido diálogo.
Acaba de publicar en España Antigua luz, en la que la historia salta entre el presente del narrador, el actor retirado Alex Cleeve, que ya aparecía en …

El cuaderno de notas de Marcel Proust

El estudio de Francis Bacon