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Mostrando entradas de octubre, 2010

Día 10

Hoy he vuelto a ver a primera hora de la mañana, a ese hombre de algún país del Este que duerme dentro de uno de los columpios del parque infantil de la Plaza de Oriente. Y una vez más, ha estado sentado en un banco esperando a que se despertaran los demás, para poder abrazarles uno a uno y decirles con un acento bastante cerrado: "¡Buenos días, amigo!  ¡Hoy también estamos vivos!". Después se suele volver a sentar en el mismo banco que antes, a esperar a que una pareja termine de pelearse, para ir con el hombre a un lugar donde les dan bocadillos. Pero hoy se ha entretenido buscándole la pelota a mi perra, y después se ha ido solo. Primero ha comenzado a caminar muy decidido hacia Ópera, y de pronto ha cambiado hacia la dirección opuesta. Hasta que ha desaparecido.

Día 5

Después de un fin de semana trabajando duramente para no existir, para no pensar, para que las horas avancen paralelas a mí, a través del cristal, llega el lunes. Y con él, el vértigo de enfrentarme a una nueva semana. Recuerdo la anterior, llena de malas noticias laborales, y me ahogo. Me bajo a pasear a mi perra y descubro un silencio en el parque que me tranquiliza. Camino sin parar, observo el cielo, que cada vez se parece más a uno de invierno. Mi cabeza está llena de un veneno que trato de ir barriendo, convenciéndome de que algo tendrá que salir bien, o de que, por lo menos, no pasa nada. Y cuando aún no estoy muy segura de si he conseguido hacer limpieza, un japonés salta sobre un banco en frente del palacio para que su amigo consiga capturar el segundo en el que el tipo está en el aire con su cámara fotográfica, hasta que se escucha un aullido, aterriza en el suelo con la espalda doblada, y trata de sentarse paralizado por la risa y el dolor. Me pregunto si tendrán que llamar…

Día 2

Ayer vi dos ardillas en los Jardines de Sabatini.

Por fin me han sellado la cartilla del paro. El problema es que a continuación, al llegar a casa, no se me ha ocurrido otra cosa que abrir una carta de Sanitas y encontrarme con una amenaza. Quieren emprender acciones legales en mi contra. Tras una odisea de 7 llamadas, tras las cuales he conseguido hablar con 3 ineptas, dos máquinas, y por fin una persona que ha conseguido informarme de algo, acabo de bajar a enviar un fax explicando mis problemas. Otra cosa es que luego alguien lo lea.

Me voy al parque con mi perra, a ver si hoy también están las ardillas.

Día 1

Hoy en realidad no es el día 1. Para nada. Hoy no es mi primer día en paro. Exactamente llevo 109 días, acabo de contarlos. Anoche me desperté a las 2 de la mañana y en cuanto mi maquinaria mental comenzó a trabajar, a taladrarme el cerebro con todo lo que se supone que no debo pensar, me dio un ataque de angustia. No era capaz de dormir, y comencé a darle vueltas a la cabeza. Me pasa una o dos veces por semana desde hace 109 días. Paso las horas mirando el reloj, dando vueltas en la cama esperando que amanezca. A veces encendiendo el ordenador para distraerme, para no escucharme pensar. Otras, simplemente lloro y me echo la culpa de todo. Es lo que tienen las madrugadas, por lo menos las mías. Que me convierten en una tarada. Después, cuando se ha hecho de día,  me levanto, me doy un paseo con la perra, y a continuación relleno las horas como puedo, haciendo cosas que me distraigan hasta que llegue la noche. Como Tiendas de Barrio.

Así que anoche, en pleno ataque de angustia, pensé …