10.12.14

Entrevista a Angela Davis: Lucha contra el individualismo











En esta entrevista, Angela Davis, activista, profesora, escritora e icono del movimiento Black Power, habla de los vínculos existentes entre las luchas globales. Retomando los temas del feminismo negro, de la importancia de lo colectivo, de Palestina, del complejo industrial de prisiones, la Profesora Davis expone el papel que los pueblos pueden y deben jugar.

-Frank Barat (FB): A menudo hablas del poder de lo colectivo y haces hincapié en la importancia de los movimientos populares. ¿Cómo podemos conseguir ese poder en una sociedad que fomenta el egoísmo y el individualismo?

-Angela Davis (AD): Desde el ascenso del capitalismo global y las ideologías relacionadas con el neoliberalismo, es cada vez más importante identificar los peligros del individualismo. Las luchas progresistas –centradas sólo en el racismo, la represión, la pobreza u otras cuestiones- están destinadas al fracaso si al mismo tiempo no intentan desarrollar la conciencia acerca de la insidiosa promoción del individualismo capitalista. Aunque Nelson Mandela insistía siempre en que sus logros eran logros colectivos conseguidos por hombres y mujeres, sus camaradas, los medios trataron de santificarle como individuo heroico. Un proceso parecido se llevó a cabo para disociar al Dr. Martin Luther King, Jr, del inmenso número de mujeres y hombres que constituyeron el corazón mismo del movimiento estadounidense por la libertad de mediados del siglo XX. Es esencial resistirse a describir la historia como la obra de individuos heroicos para que la gente reconozca hoy su potencial como parte de una comunidad de lucha cada vez más amplia.

-FB: ¿Qué queda hoy del movimiento del Black Power?

-AD: Pienso en el movimiento del Black Power –o a lo que nos referíamos en su momento como movimiento de liberación de los negros- como un momento especial en el desarrollo de la búsqueda de la libertad de los negros. Fue, en muchos sentidos, una respuesta a lo que se percibía como límites del movimiento por los derechos civiles: no sólo necesitábamos proclamar derechos legales dentro de la sociedad existente, sino también exigir derechos sustantivos –puestos de trabajo, vivienda, atención sanitaria, educación, etc.- y desafiar la estructura misma de la sociedad. Esas demandas –también contra los encarcelamientos racistas, la violencia de la policía y la explotación capitalista- se sumaron al programa de diez puntos del Partido de las Panteras Negras (PPN).

Aunque las personas negras han entrado en las jerarquías económicas, sociales y políticas (el ejemplo más espectacular fue la elección de Barack Obama en 2008), hay un abrumador número de ellas sometidas al racismo económico, educativo y carcelario a un nivel mucho mayor que durante la era anterior a los derechos civiles. En muchos aspectos, las demandas del programa de diez puntos del PPN son ahora tan importantes –o quizá incluso más importantes- como durante la década de los sesenta, que fue cuando se formularon por vez primera.

-FB: La elección de Barack Obama fue celebrada por muchos como una victoria contra el racismo. ¿Crees que fue una falacia? ¿Piensas que realmente ha estado paralizando durante mucho tiempo a la izquierda, así como a los afroamericanos implicados en la lucha por un mundo más justo?

-AD: Muchos de los supuestos respecto a la importancia de la elección de Obama están totalmente equivocados, especialmente los que describen que un hombre negro en la presidencia de EEUU simboliza la desaparición de la última barrera del racismo. Pero creo que la elección en sí fue importante, sobre todo porque la mayor parte de la gente –incluyendo la mayoría de la gente negra- no creía al principio que fuera posible elegir a una persona negra para la presidencia. Efectivamente, los jóvenes crearon un movimiento –aunque debería calificarse diciendo que era un cibermovimiento- que consiguió lo que parecía ser imposible.

El problema es que la gente que se asociaba a sí misma con ese movimiento no prosiguió ejerciendo ese poder colectivo como presión, lo que hubiera podido obligar a Obama a moverse en direcciones más progresistas (por ejemplo, contra un incremento militar en Afganistán, por un rápido desmantelamiento de Guantánamo, por un plan más completo de atención sanitaria). Creo que es importante destacar, incluso cuando nos mostramos críticos con Obama, que no habríamos estado mejor con Romney en la Casa Blanca. De lo que hemos carecido en estos últimos cinco años no es del presidente adecuado, sino más bien de movimientos de masas bien organizados.

-FB: ¿Cómo definirías el “feminismo negro”? ¿Y qué papel podría jugar en las sociedades actuales?

-AD: El feminismo negro surgió como un esfuerzo teórico y práctico para demostrar que la raza, el género y la clase son inseparables en los mundos sociales que habitamos. En el momento de su aparición, a las mujeres negras se les pedía con frecuencia que eligieran qué era lo más importante para ellas, el movimiento negro o el movimiento de las mujeres. La respuesta era que esa era una pregunta equivocada. La pregunta más apropiada era cómo entender las intersecciones e interconexiones entre los dos movimientos. Todavía estamos enfrentándonos al desafío de entender las complejas vías por las que se entrelazan la raza, la clase, el género, la sexualidad, la nación y las capacidades, pero también al reto de cómo avanzar más allá de estas categorías para entender las interrelaciones de ideas y los procesos que parecen estar separados y sin vínculos entre ellos. Insistir en las conexiones entre las luchas y el racismo en EEUU y las luchas contra la represión israelí de los palestinos es, en ese sentido, un proceso feminista.



-FB: ¿Piensas que ha llegado ya el momento de que la gente se desenganche de los principales partidos políticos y de ese concepto que nuestros “dirigentes” denominan democracia representativa? El hecho de involucrarnos en un sistema tan corrupto y podrido, gobernado sólo por el dinero y la avaricia, le da legitimidad, ¿no es verdad? ¿Cómo detener esta charada, dejar de votar y empezar a crear algo nuevo y orgánico de arriba abajo?
-AD: Ciertamente, no creo que los partidos políticos existentes puedan constituir nuestros ámbitos fundamentales de lucha, pero el ámbito electoral puede utilizarse como terreno sobre el que organizarse. En EEUU, hemos necesitado durante mucho tiempo de un partido político independiente, un partido de los trabajadores antirracista y feminista. Creo también que tienes toda la razón al identificar el activismo de base como el ingrediente más importante para la construcción de movimientos radicales.

-FB: El mundo árabe ha pasado por cambios tremendos en los últimos años, con revoluciones en curso en muchos países. ¿Qué importancia tiene que en Occidente la gente comprenda la complicidad de nuestros propios gobiernos en el mantenimiento de las dictaduras árabes?

-AD: Creo que es completamente pertinente que los pueblos del mundo árabe exijan que nosotros, en Occidente, impidamos que nuestros gobiernos apoyen a regímenes dictatoriales, y especialmente a Israel. La llamada “guerra contra el terror” ha hecho un daño inestimable al mundo, incluyendo la intensificación del racismo antimusulmán en EEUU, Europa y Australia. Como progresistas del Norte global, no hemos reconocido realmente nuestras importantes responsabilidades en la prosecución de los ataques ideológicos y militares contra los pueblos del mundo árabe.

-FB: Hace poco diste en Londres una charla sobre Palestina, el G4S (Grupo 4 de Seguridad), que es el grupo de seguridad privada mayor del mundo, y el complejo industrial de prisiones. ¿Puedes explicarnos como están vinculados?

-AD: Con el pretexto de la seguridad y el Estado de seguridad, el G4S se ha introducido en las vidas de la gente por todo el mundo, especialmente en Gran Bretaña, EEUU y Palestina. Esta compañía es la tercera corporación más grande del mundo después de Walmart y Foxcomm, y es el mayor empleador privado en el continente de África. Han aprendido a aprovechar el racismo, las prácticas antiinmigratorias y las tecnologías de castigo en Israel y en todo el mundo. El G4S es directamente responsable de las experiencias de reclusión política de los palestinos, así como de todo lo relativo al muro del apartheid levantado allí, del encarcelamiento en Sudáfrica, de las escuelas-prisión en EEUU y del muro a lo largo de la frontera entre México y EEUU. Sorprendentemente, durante la reunión de Londres nos enteramos que el personal del G4S es responsable de ataques sexuales contra las mujeres en determinados centros de detención en Gran Bretaña.

-FB: ¿Cómo es de rentable el complejo industrial de prisiones? Has dicho a menudo que es el equivalente a la “esclavitud moderna”.

-AD: El complejo industrial global de prisiones está continuamente expandiéndose, como se puede ver en el ejemplo del G4S. Por tanto, una puede asumir que su rentabilidad está en alza. Ha llegado a abarcar no sólo prisiones públicas y privadas (y las prisiones públicas están más privatizadas de lo que uno podría pensar y cada vez más sujetas a las demandas del beneficio) pero también las instalaciones para jóvenes, las prisiones militares y los centros de interrogatorio. Además, el sector más lucrativo del negocio de las prisiones privadas es el de los centros de detención de inmigrantes. Puede por tanto entenderse por qué la legislación antiinmigrante más represiva en los EEUU fue redactada por las compañías de las prisiones privadas en un intento manifiesto de maximizar sus beneficios.



-FB: Una sociedad libre de cárceles-prisiones ¿es, en tu opinión, posible o es una utopía? ¿Cómo podría funcionar?

-AD: Pienso que una sociedad sin prisiones es una posibilidad realista en el futuro, pero en una sociedad transformada, una sociedad en la que las necesidades de la gente, y no el lucro, constituya la fuerza motriz. Al mismo tiempo, la abolición de las prisiones parece una idea utópica precisamente porque la prisión y las ideologías que la refuerzan están muy profundamente enraizadas en nuestro mundo contemporáneo. Hay cifras enormes de gente tras las rejas en EEUU –alrededor de dos millones y medio- y cada vez se utiliza más el encarcelamiento como estrategia de desviación de los problemas sociales subyacentes: racismo, pobreza, desempleo, falta de educación, etc. Estas cuestiones no se abordan nunca de forma seria. Sólo es una cuestión de tiempo que la gente empiece a darse cuenta de que la prisión es una solución falsa. La defensa del abolicionismo puede y debería producirse en relación con las demandas de una educación de calidad, de estrategias laborales antirracistas, de atención sanitaria gratuita y todo ello dentro de otros movimientos progresistas. Puede ayudar a
promover una crítica anticapitalista y movimientos por el socialismo.

-FB: ¿Qué es lo que el boom del complejo industrial de prisiones está indicando sobre nuestra sociedad?

-AD: Las elevadas cifras de gente tras las rejas por todo el mundo y la creciente rentabilidad de los medios para mantenerlos cautivos son uno de los ejemplos más impresionantes del capitalismo global. Pero los obscenos beneficios que se obtienen del encarcelamiento masivo están vinculados a los beneficios de la industria sanitaria y de la educación y otros servicios humanos comercializados que deberían realmente estar a libre disposición de todos.

-FB: Hay una escena en “The Black Power mixtape”, un documental sobre el movimiento de las Panteras Negras/Poder Negro que apareció hace un par de años, donde el periodista te pregunta si apruebas la violencia. Tu respuesta fue: “¡Qué pregunta, ¿que si apruebo la violencia?! No tiene sentido”. ¿Podrías elaborarla?

-AD: Intentaba señalar que las preguntas acerca de la validez de la violencia deberían dirigirse a esas instituciones que mantienen y continúan manteniendo el monopolio de la violencia: la policía, las prisiones, el ejército. Expliqué que crecí en el sur de EEUU en un momento en el que los gobiernos permitían que el Ku Klux Klan perpetrara ataques terroristas contra las comunidades negras. En aquella época me metieron en la cárcel, tras acusarme falsamente de asesinato, secuestro y conspiración y me convirtieron en un objetivo de la violencia institucional, y van y me preguntan si estoy de acuerdo con la violencia. Fue grotesco. También estaba tratando de señalar que la defensa de la transformación revolucionaria no se basa fundamentalmente en la violencia, sino que tiene que ver con cuestiones sustantivas como mejores condiciones de vida para la gente pobre y la gente de color.

-FB: Mucha gente piensa actualmente que formaste parte de las Panteras Negras, y algunos incluso piensan que fuiste uno de los miembros fundadores. ¿Puedes explicar cuál fue tu papel exactamente, tus afiliaciones en aquel momento?

-AD: No fui miembro fundador del Partido de las Panteras Negras. En 1966, el año en el que se fundó el PPN, me encontraba estudiando en Europa. Después, en 1968, me uní al Partido Comunista y también me convertí en miembro del PPN y trabajé con una rama de la organización en Los Ángeles, donde me encargaba de la educación política. Sin embargo, en un determinado momento, el liderazgo decidió que los miembros del PPN no podían afiliarse a otros partidos, por lo que decidí conservar mi afiliación con el Partido Comunista. Sin embargo, seguí apoyando y trabajando con el PPN. Cuando me metieron en la cárcel, el PPN fue la principal fuerza que defendió mi libertad.

-FB: Volviendo a tu respuesta sobre la violencia, cuando escuché lo que decías en el documental, pensé en Palestina. La comunidad internacional y los medios occidentales están pidiendo siempre, como condición previa, que los palestinos renuncien a la violencia. ¿Cómo puedes explicar la popularidad de esta narrativa de que los oprimidos tengan que garantizar la seguridad de los opresores?

-AD: El hecho de poner la cuestión de la violencia en primer plano sirve casi inevitablemente para tapar los problemas que están en el centro de las luchas por la justicia. Así sucedió en Sudáfrica durante la lucha contra el Apartheid. Fíjate que a Nelson Mandela –al que han santificado como el defensor más importante de la paz de nuestro tiempo- le mantuvieron en la lista estadounidense de terroristas hasta 2008. Los aspectos más importantes de la lucha palestina por la libertad y autodeterminación se minimizan y se vuelven invisibles ante quienes intentan equiparar la resistencia palestina ante el apartheid israelí con el terrorismo.




-FB: ¿Cuándo fue la última vez que estuviste en Palestina? ¿Qué impresión dejó en ti esa visita?

-AD: Viajé a Palestina en junio de 2011 con una delegación de activistas/académicas feministas indígenas y de color. La delegación incluía mujeres que habían crecido bajo el Apartheid sudafricano, bajo las leyes Jim Crow del Sur y en las reservas indias. Aunque todas habíamos estado anteriormente implicadas en el activismo solidario palestino, todas nosotras nos quedamos terriblemente impactados por lo que vimos y decidimos animar a nuestros distritos a que se unieran al Movimiento del BDS (siglas en inglés de Boicot, Desinversión y Sanciones) y ayudar a intensificar la campaña por la libertad de Palestina. Más recientemente, alguna de nosotras nos implicamos en conseguir que se aprobara una resolución que instaba a participar en el Boicot Académico y Cultural de la American Studies Association. Las componentes de la delegación se involucraron en la aprobación de una resolución de la Modern Language Association censurando a Israel por rechazar la entrada de académicos estadounidenses en Cisjordania que iban a enseñar e investigar en las universidades palestinas.

-FB: Hay varios medios de resistencia de los que pueden disponer los pueblos oprimidos por regímenes racistas o coloniales o por ocupaciones extranjeras (i.e., Protocolo Adicional I del Convenio de Ginebra), incluyendo el uso de de la fuerza armada. En la actualidad, el movimiento de solidaridad palestino se ha comprometido con la vía de la resistencia no violenta. ¿Piensas que con sólo esto se pondrá fin al apartheid israelí?

-AD: Desde luego, los movimientos de solidaridad son por su propia naturaleza no violentos. En Sudáfrica, incluso cuando se estaba organizando un movimiento de solidaridad internacional, el CNA (Congreso Nacional Africano) y el PCSA (el Partido Comunista de Sudáfrica) llegaron a la conclusión de que su movimiento necesitaba de un ala armada: Umkonto We Siswe. Tenían todo el derecho a tomar esa decisión. Del mismo modo, le corresponde al pueblo palestino utilizar los métodos que estime más convenientes para tener éxito en su lucha. Al mismo tiempo, está claro que si Israel está aislado política y económicamente, como la campaña del BDS intenta, no podrá seguir adelante con sus prácticas de apartheid. Si, por ejemplo, nosotros, en EEUU, obligamos a la administración Obama a interrumpir sus ocho millones de dólares al día de apoyo a Israel, se iniciaría un largo camino de presiones a Israel para que pusiera fin a la ocupación.

-FB: Formas parte de un comité para la liberación del preso político palestino Marwan Barghouti y de todos los presos políticos. ¿Qué importancia tiene, para que prevalezca la justicia, que todos ellos sean liberados?

-AD: Es fundamental que se libere a Marwan Barghouti y a todos los prisioneros políticos que se hallan en las cárceles israelíes. Barghouti lleva dos décadas tras las rejas. Su terrible situación refleja el hecho de que la mayor parte de las familias palestinas han tenido o tienen al menos a un miembro encarcelado por las autoridades israelíes. Actualmente hay alrededor de 5.000 presos palestinos y sabemos que desde 1967, Israel ha enviado a prisión a 800.000 palestinos (el 40% de la población masculina). La demanda de liberar a todos los presos políticos palestinos es un ingrediente fundamental de la exigencia de acabar con la ocupación.

-FB: Durante una charla en la Universidad Birbeck de Londres, dijiste que la cuestión palestina tiene que convertirse en una cuestión global, una cuestión social que debería llevar en su programa o agenda todo movimiento que luche por la justicia. ¿Qué quisiste decir con esto?
-AD: Que al igual que la lucha contra el apartheid sudafricano fue una causa abrazada por los pueblos de todo el mundo e incorporada a muchas agendas de justicia social, las organizaciones y movimientos involucrados en causas progresistas por todo el planeta deben involucrarse de igual modo en la solidaridad con Palestina. Se ha tendido a considerar a Palestina como una cuestión aparte –y, lamentablemente, demasiado a menudo, marginal-. Este es precisamente el momento de animar a todos los que creen en la igualdad y en la justicia para que se unan al llamamiento por una Palestina libre.

-FB: La lucha es interminable, ¿verdad?

-AD: Yo diría que nuestras luchas maduran, producen nuevas ideas, nuevos planteamientos y nuevos terrenos con los que comprometernos en la búsqueda de la libertad. Como Nelson Mandela, debemos
estar dispuestos a abrazar el largo camino hacia la libertad.

Fuente: Rebelion.org

Documental: VOCES: Detención y tortura en el País Vasco

Puerta del Sol, Madrid. 1855


Frida Kahlo standing next to an agave plant during a photo shoot for Vogue magazine, 1937.


Women of the IRA, Alex Bowle, Northern Ireland, 1977


Documental: "120 horas, la tortura contra Euskal Herria" (2013)

Lista de reproducción de spotify con la música clásica de las películas de Kubrick


                                             

9.12.14

El bar de al lado

Llevaba una mala racha tan larga, que empezaba a parecerse cada vez más a su nueva vida. De pronto el dinero, o mejor dicho, la falta de él, mandaba. Se había convertido en la unidad de medida para el tiempo, el espacio... el dinero lo medía todo. "No puedo hacer, comprar, regalar, consumir, crear, deshacer esto porque no puedo pagarlo". Tenía la sensación de que todos sus pensamientos eran sucios y olían a metal oxidado. Como los billetes usados. Se había ido a vivir a una habitación con cocina en un bajo interior, casi sin luz, y con varias familias de cucarachas instaladas desde generaciones. A éstas, con el tiempo - y también mucho, demasiado dinero - consiguió echarlas. Después de fumigar cuatro veces en cinco meses. Meses que se pasó inventándose cosas que hacer, lugares a los que caminar, paseos que dar, para no encerrarse en la oscuridad de su casa a plena luz del día. Entonces llegó el invierno. Las horas de luz se acortaron, y aquel agujero empezó a parecer más una casa. Una estantería que en poco tiempo se llenó de libros ayudó a dar sensación de calor. En el trabajo las cosas empezaron a mejorar. Pensó en mudarse. No podía pagar algo mucho mejor, pero tampoco tenía prisa. Algo encontraría. Hasta que un día se encontró con que iban a reabrir el local que estaba pegado a su portal. Era una taberna que antes llevaban unas chicas, y que por suerte no tenía mucho éxito, porque la pared de su habitación daba directamente con la del bar. Pero esta vez, lo iban a reabrir por todo lo alto. "El fin de semana que viene. Por el día va a ser cafetería, y por la noche fiesta". Aquello la dejó muerta. Ahora sí que tenía que salir de allí cuanto antes. No podía vivir en semejante agujero de menos de 20 metros, sin luz, y también con ruido seis días a la semana, hasta las 2 de la mañana. Se tiró cuatro días pateándose el barrio buscando otro apartamento, pero todo lo que veía era... indigno. Se fue quedando sin fuerzas. Se despertaba por las mañanas maldiciendo el día que llegó a ese cuchitril y contando las horas de tranquilidad que le quedaban. Hasta que llegó el viernes por la noche. Las nueve, las diez... pasó del enfado a la rabia, y de la rabia a la hiperactividad. Ordenó, barrió, fregó, cocinó... y allí no se oía nada. Entonces decidió salir a dar una vuelta con el perro y echar un vistazo. Nada más salir del portal, ya retumbaba el suelo. A través de los cristales de las ventanas vio a un grupo de gente bailando una música que se oía en toda la calle. Entonces uno de los dueños se acercó a la puerta y le hizo señas para que entrara. El volumen era insoportable y era imposible comunicarse sin gritarse al oído:
- ¡¿QUÉ TAL, VECINA?! ¡NO TE MOLESTARÁ EL RUIDO! PORQUE HEMOS INSONORIZADO!
Y se sintió la persona más estúpida del mundo. Pero no quiso además ser la mujer solitaria que se bebe un whisky en un bar con la única compañía de su perro, así que pidió un vaso de plástico y se largó a su casa con la copa, sintiéndose miserable por haberse preocupado tanto por algo que no llegó nunca a ocurrir. Hasta que se dio cuenta de que en el fondo llevaba toda la vida así. Entonces le entró la risa.

23.11.14

Domingo


Me despierto un domingo por la mañana lluvioso y salgo a pasear a Brenan. Un anciano rebusca en las papeleras y cubos de la basura del parque de asfalto y cemento que hay en la esquina de la calle de arriba. Mi perra se acerca, se sienta a su lado mientras el hombre mete el brazo hasta el fondo de una papelera, y la perra empieza a mover el rabo convencida de que en cualquier momento va a sacar una pelota. El hombre se gira hacia mí, yo hago como que no le veo, pero al descubrir que no está solo se va hacia un cubo más lejano. Al llegar a él vuelve los hombros para buscarme, y al ver que continúo donde estaba, se aleja definitivamente.

La plaza tiene restos de comida por todas las esquinas, latas, ropa tirada, zapatos, bolsas de basura, y dos correas de perros con collares de pinchos enlazadas y abandonadas en el suelo. Delante de un banco hay una vomitona, y el sonido de la manguera de un hombre negro regando la calle inunda el silencio.

De vuelta a casa me cruzo con dos mujeres que pasean a sus perros, uno cojo y con un ojo vendado, y el otro tan viejo que parece un trapo mojado.

Hace frío. En mi casa más. 


16.10.14

el televisor


Salgo del portal a callejear por el barrio con el perro. Al comenzar a subir por la siguiente calle que me encuentro a la derecha, me cruzo con una anciana sentada sobre un gigantesco televisor antiguo, mucho más grande que ella. Tiene el pelo de color violeta, un abrigo verde y un collar de bolas naranjas a juego con el pintalabios, que se le ha corrido, con lo que parece que sonríe permanentemente aunque los ojos no le acompañen. Le cuelgan las piernas sobre el aparato, que está boca abajo, con lo que el cristal de la pantalla da directamente contra el suelo. Me pregunto cómo habrá llegado hasta ahí semejante trasto. Avanzo muy despacio porque el perro hoy todo lo encuentra interesante. Al llegar a su altura:

- Buenos días. ¿Le importaría decirle a mi marido, que está al principio de la cuesta, que baje? Es que yo sola no puedo subir con la tele.
- Por supuesto, ahora mismo se lo digo.

Miro hacia arriba, aunque no veo a nadie. Sigo avanzando. Cruzo un parque infantil construido a base de bloques de granito y columpios metálicos que parecen los restos de una catástrofe nuclear, o como si un inmenso juego de mecano hubiera estallado en mil pedazos y los trozos hubieran quedado esparcidos por el suelo. En él juegan varios niños vigilados por un grupo de mujeres sentadas en un banco de piedra con las cabezas cubiertas con pañuelos de colores. Por fin veo al hombre. Flaco, arrugado, encogido, y agarrado a un bastón con las dos manos. Aún está lejos, pero sigo caminando. Hasta que me acerco.

- Perdone, pero me ha dicho su mujer que le pida que baje.
- ¿Para qué?
- Supongo que para ayudarla con el televisor.
- ¿Qué televisor?
- Uno sobre el que está sentada.
- ¿Me está usted tomando el pelo?
- No, no. Yo me limito a trasladarle lo que me ha pedido ella.
- En ese caso...

Y el hombre comienza a bajar la cuesta con enorme dificultad. Yo continúo mi paseo, y al volver, me encuentro a los dos ancianos discutiendo a grito pelado.

- El televisor es mío. Lo he visto yo primero - grita la mujer sonriendo -
- Señora, si usted no puede con él.
- Y usted tampoco, a ver qué se ha creído, si casi no puede ni andar. Además, mi marido está al llegar, le ha llamado aquella chica para que venga a ayudarme.

El hombre me mira, sonríe, empuja a la mujer, se agacha para agarrar el aparato, pero no tiene fuerza y se cae al suelo. La mujer suelta una carcajada.


15.10.14

cambio clandestino

Hoy entré en una tienda de alimentación en Lavapiés a pedir cambio. El comerciante, un hombre de Bangladesh, me ha dicho que no tenía, pero otro con quien suelo charlar y que siempre está en la puerta, un hombre mucho más mayor, de origen senegalés, piel negra, pelo blanco, un cuerpo perfecto, una sonrisa muy dulce y de movimientos increíblemente elegantes, me ha dicho que él sí me cambiaba, me ha guiñado el ojo en señal de complicidad, ha cogido el billete, ha cruzado la esquina y ha desaparecido. Al cabo de varios minutos ha vuelto. Al llegar a mi altura me ha susurrado "entra", y me ha hecho seguirle hasta el fondo de la tienda. Hemos bajado unas escaleras, cruzado un largo pasillo subterráneo que terminaba en una especie de despacho de oficina que debe de servir al mismo tiempo para algún tipo de ritual religioso. Allí me he descalzado, me he tenido que cubrir la cabeza con un pañuelo, nos hemos arrodillado, y ya, por fin, el hombre me ha hecho entrega de forma ceremoniosa,, de los 4 billetes de cinco euros.

30.8.14

Programas de cocina

Anoche me desperté hacia las dos de la madrugada, con la cabeza demasiado revuelta como para leer lo que estoy leyendo, así que comencé a navegar por los canales de televisión, en busca de casi cualquier cosa que no fuera un programa basura de cotilleos, un reality o un casino. Y aterricé en un canal en el que dos monjas cocinaban. Daba muy mal rollo porque todo era muy feo: la cocina, los hábitos grises de las dos mujeres... y el diálogo que mantenían era soporífero. Pronunciaban palabras sin decir nada. En ocasiones hasta parecía una crítica, de raro que era todo. Entonces sacaron una bandeja del horno con un pescado. Y me sorprendió que hicieran una receta tan, tan básica, sin añadirle ninguna gracia. Apareció entonces un letrero muy feo a pantalla completa con los ingredientes que habían utilizado. La cosa trataba de imitar una especie de pergamino pegado a un mueble castellano. Y decía: 1 filete de pescado, una cucharadita de aceite de oliva, ajo y sal. Vamos, acababan de resolver un gran misterio gastronómico. A continuación dieron paso a una monja más mayor, Sor Nomeacuerdoqué, que se disponía a descubrirnos una ensalada que sería las delicias de cualquiera. Así que, empezó a mezclar en un cuenco lechuga, tomate y atún, utilizando las manos. En eso consistía la ensalada. Y a continuación el panel con los ingredientes: Ensalada Sor Nomeacuerdoqué. Ingredientes: Lechuga, tomate y atún. Y se despidieron hasta la próxima semana.

4.7.14

Louise Michel, escritora, anarquista y luchadora clave en la Comuna de París

Louise Michel nace el 29 de mayo de 1830 en Vroncourt-la-Côte, en el departamento de Haute-Marne (Francia), y muere el 9 de enero de 1905 en Marsella (Francia). Destacada anarquista revolucionaria francesa, participó en el levantamiento revolucionario de la Comuna de París de 1871, a causa de lo cual fue deportada a Nueva Caledonia. Allí se interesó vivamente por los nativos canacos. Amnistiada, regresó a Francia en 1880, dedicándose a propagar el ideario anarquista por todo el país y por algunos estados europeos, a través de conferencias y escritos que suscitaban gran expectación. Además fue también escritora, poetisa y maestra, y la primera en enarbolar la bandera negra, que bajo su impulso se convertirá en el símbolo del movimiento anarquista.



Revolucionaria francesa, institutriz de profesión, participó en el levantamiento revolucionario de la Comuna de París de 1871, a causa de lo cual fue deportada a Nueva Caledonia. Allí se interesó vivamente por los nativos canacos. Amnistiada, regresó a Francia en 1880, dedicándose a propagar el ideario anarquista por todo el país y por algunas naciones europeas, mediante conferencias y escritos que suscitaban gran expectación.

Era hija natural de Etienne-Charles Demahis, propietario del castillo de Vroncourt, y de una de sus sirvientas, Marianne Michel. Se crió en el propio castillo, considerada por la esposa de Demahis como su propia nieta. Allí recibió una educación volteriana y republicana, aficionándose pronto al piano y a la lectura. Llegó a conocer personalmente a Víctor Hugo, con el que mantendría una gran amistad en lo sucesivo.

En 1845 murió su padre, y en 1850 tuvo que abandonar Vroncourt, expulsada por sus hermanastros, que además le prohibieron expresamente utilizar el apellido Demahis. Marchó a Chaumont para obtener un diploma de institutriz, oficio que comenzó a desempeñar en 1853, en Audeloncourt. Aunque como institutriz comunal no tenía que realizar el juramento a Napoleón III, fue denunciada varias veces por republicana.

En 1856 comenzó a trabajar como maestra en una institución parisina, asistiendo además a cursos de todo tipo organizados por sociedades republicanas. Al mismo tiempo escribía versos y artículos, que enviaba a Víctor Hugo y a periódicos como La Jeune France (La joven Francia), y participaba en reuniones de debate. Aunque no adscrita a corriente ideológica alguna, se relacionó con personas vinculadas al pensamiento revolucionario, sobre todo con Théophile Ferré y su hermana Marie, y otros como Amilcare Cipriani, Henri Rochefort y Jules Vallès.

En 1870, tras la derrota de Napoleón III en Sedán ante los prusianos, y una vez proclamada la Tercera República Francesa el 4 de septiembre, grupos de revolucionarios, entre los que se encontraba Louise Michel, trataron de obtener armas en el Ayuntamiento de París para liberar Estrasburgo de las tropas prusianas; fue la primera vez que Louise Michel ingresó en prisión. Luego presidió el Club de la Justice de Paix de Montmartre, una de las demarcaciones de vigilancia creadas por el Consejo Federal de la Internacional. Obtenidas por fin las armas, se proclamó la Comuna de París en marzo de 1871 y participó en la subsiguiente lucha de barricadas, ocupándose además de una ambulancia y de cuestiones de educación.



Consiguió liberar a su madre, que había sido capturada para ser fusilada como castigo contra Michel. El 16 de diciembre de 1871 compareció en Versalles ante un consejo de guerra que la condenó a deportación perpetua. Tras permanecer más de año y medio en la prisión de Auberive (Marne), fue enviada a Noumea, en Nueva Caledonia (colonia francesa del Océano Pacífico), donde llegó a finales de 1873, tras cuatro meses de viaje. Durante el mismo se había adscrito al anarquismo.

Una vez allí, su pasión científica le llevó a estudiar la exótica vegetación y fauna del lugar; además improvisó una escuela para los hijos de otros deportados. Conoció a un nativo canaco, del que aprendió la lengua y cultura, y visitó varias tribus canacas; llegó a ser muy apreciada por los nativos, a los que enseñó diversos conocimientos. Al contrario que la mayoría de los deportados, Michel se mostró partidaria de la revuelta canaca de 1878, pues la consideró una lucha de liberación; por el mismo motivo también, tuvo también en gran estima a los deportados argelinos.

En julio de 1880 fue amnistiada junto con otros revolucionarios; regresó a Francia, con la idea inicial de volver a crear una escuela para los canacos. El 9 de noviembre entró en París después de casi diez años de ausencia. Se dedicó entonces a pronunciar conferencias en clubes revolucionarios por todo el país, alentando del espíritu de la Comuna, siendo recibida siempre por una importante asistencia de público, y estudió las teorías económicas anarquistas de Piotr Kropotkin.

En 1883, después de tomar parte en una manifestación contra el paro, fue de nuevo detenida y condenada a seis años de prisión por saqueo, aunque fue indultada en enero de 1886. Antes, el 5 de enero de 1885, había fallecido su madre, pero no le fue permitido asistir al entierro. Al poco murió también su amigo, el escritor Víctor Hugo.

Retomó de nuevo su actividad propagandística, volvió cuatro meses a la cárcel a mediados de año, y en enero de 1887 fue ligeramente herida de bala, mientras hablaba en Le Havre (sufrió varios atentados durante su vida). En 1890 participó en una revuelta anarquista en Vienne y fue detenida una vez más; liberada luego, quisieron declararla loca para encerrarla en un internado.

Se refugió en Londres, como habían hecho antes otros revolucionarios, y trató de cerca a muchos de ellos, como Enrico Malatesta y Léon Blum. Dio también conferencias, ahora para el público inglés. Se ocupó también de recoger fondos para los proyectos y obras anarquistas, y de enseñar en una escuela a los hijos de los exiliados. En 1895 regresó a París, requerida su ayuda por Sébastien Faure para la edición del periódico Libertaire (Libertario). Hasta su muerte, publicó artículos y siguió realizando giras por distintas ciudades francesas y algunos estados europeos (Holanda, Bélgica, Suiza y Escocia), luchando para evitar la disgregación del anarquismo que a principios del siglo XX estaba produciéndose.

En marzo de 1904 fue afectada por una neumonía en Toulon, de la que se consiguió recuperar. Sin embargo, a principios del año siguiente, regresando de una gira por Argelia, contrajo una nueva infección en la villa alpina de Oraison y falleció tras ser llevada a Marsella. Su cuerpo fue trasladado a París para ser enterrado en el cementerio de Levallois-Perret junto a su madre y los hermanos Ferré. Millares de personas acompañaron la procesión fúnebre, y otros muchos fueron testigos de su paso; oradores anarquistas alabaron la talla moral de Louise Michel, y durante una decena de años su tumba fue escenario de homenajes en su honor.

Utilizó el pseudónimo de Clémence, y fue también conocida como Vierge Rouge ('Virgen roja') y Bonne Louise ('La buena Louise'); hoy llevan su nombre instituciones educativas y culturales. Escribió varias obras de poesía, teatro, narración y opinión política y numerosos artículos periodísticos; del conjunto de su producción cabe destacar sus Memorias (1886), El nuevo mundo (1888) y La Comuna (1898).

Si te ha interesado este artículo, te recomiendo leer el dedicado a la escritora irlandesa Maeve Brennan.

9.6.14

Escandalizada

Últimamente me paso los días escandalizada por todo lo que no ocurre.

3.5.14

Maeve Brennan, la escritora que vivió en los lavabos de la revista New Yorker





“He dejado de vivir en el campo y me sentía muy ilusionada de pensar que volvía a vivir en la ciudad”. Así comenzaba una columna publicada en la revista New Yorker el 18 de junio de 1960, firmada por la misteriosa The Long-Winded Lady (La dama interminable). La autora acaba de regresar a Manhattan y se hospeda en un pequeño hotel en Washington Square mientras busca apartamento. Al mirar por la ventana del cuarto de baño, descubre que “los inquilinos de enfrente se dejan las luces encendidas por la noche, con lo que se puede ver con facilidad lo que ocurre en el interior”. La mayoría de los personajes que pueblan sus relatos son anónimos, gente que no sabe que la están observando, y ni se imagina que alguien esté escribiendo sobre ellos.

En esa columna, The Long-Winded Lady se va a cenar a la calle West Eighth, y de camino para en una librería donde se compra un libro de Benedict Kiely y otro de Patricia Highsmith. Durante la cena observa a un grupo de gente mirando por la venta del Village Smoke Shop, frente al restaurante. Un camarero corre a ver qué ha ocurrido y al regresar le cuenta que “hay una mujer tumbada en el suelo”. Por lo visto ha muerto de forma repentina. La columnista cuenta cómo su helado de café llega al mismo tiempo que la ambulancia. Más tarde, por la noche, piensa en que “ojalá esa mujer muerta no tenga a nadie que se quede en este mundo sufriendo durante años por su muerte repentina”. Justo antes de quedarse dormida, se “sobresalta por el sonido de un fuerte derrape seguido de risas – una fiesta callejera, ocho pisos más abajo. De pronto me queda pensando en lo raro que es escuchar este tipo de sonidos en el campo.” Así termina el texto que, como es habitual en ella, pasea de lo rural a lo urbano, de lo hipotético a lo inmediato, y de la muerte a la fiesta. Pero, ¿quién es ella? Sus columnas repletas de excéntricas observaciones aparecen en la revista entre 1954 y 1968, y no será hasta el año siguiente, cuando la revista New Yorker revele su nombre.


Curiosamente, la escritora de estas crónicas sobre la vida en la ciudad no es en absoluto una neoyorquina. Maeve Brennan nació el 6 de enero de 1917 en una casa cercana a la calle Eccles en Dublín, muy cerca de donde vivió el Leopold Bloom de James Joyce. Brennan regresará a aquella casa con frecuencia en sus escritos. Sus padres, Una y Robert Brennan, pertenecen al Partido Republicano, son nacionalistas, están involucrados en la política irlandesa y en la lucha por la cultura a principios del siglo 20. De hecho, Robert Brennan participó activamente en el Easter Rising, una rebelión que tuvo lugar en Irlanda contra la autoridad del Reino Unido, el lunes de Pascual de 1916. La rebelión constituyó el más conocido intento de tomar el control del país por parte de los republicanos para lograr la independencia del Reino Unido. Tras 6 días de enfrentamiento, la rebelión terminó, pero se la considera un éxito debido a que consiguió elevar a un primer plano la cuestión de la independencia de Irlanda.
Robert Brennan es condenado a muerte por ello, y aunque después le fue conmutada la pena por la de trabajos forzados, su actividad política le lleva a sufrir varios encarcelamientos en 1917 y 1920.
Maeve nace cuando él está en prisión, y la actividad de su padre, que también fue fundador y director del The Irish Press, le afecta en tal medida que, en su relato The Day We Got Our Own Back cuenta cómo recuerda el día en que estaba en casa y las fuerzas del Free State irrumpieron y la registraron en busca de alguna pista de su padre, que estaba huido.
En 1934, con 17 años, Maeve se traslada con su familia a los Estados Unidos, donde a Robert le han destinado a Washington D.C. En 1938 se gradúa en Filología Inglesa por la American University, y aunque sus padres se vuelven a Irlanda, ella se queda con una hermana en los Estados Unidos. Entonces se traslada a Nueva York, donde encuentra trabajo como redactora de moda en Harper’s Bazaar en los 40. También escribe una columna sobre Manhattan en la revista de sociedad dublinesa Social and Personal, y algunos relatos cortos para The New Yorker, hasta que en 1949, William Shawn, el editor jefe, le ofrece un trabajo fijo en la revista.

En 1950 The New Yorker comienza a publicar sus relatos cortos. Durante esta década y la siguiente, es una autora muy leída en los Estados Unidos, y casi una desconocida en Irlanda, país en el que se sitúan casi todas sus historias. Brennan publica también crítica literaria, artículos sobre moda, y ensayos sobre los Estados Unidos e Irlanda.
Se trata de una mujer pequeña, casi siempre vestida de negro, con largos trajes y gafas oscuras. Con gustos excéntricos, y que nunca vive en el mismo lugar durante mucho tiempo. Viaja a Irlanda con regularidad, pero rechaza su sociedad conservadora y extremadamente religiosa. 
Tras su primer matrimonio con el director y crítico teatral Walter Keer, se casa en 1954 con St. Clair McKelway, el editor jefe de The New Yorker, un alcohólico, mujeriego y maníaco depresivo del que se divorcia cinco años después.
A lo largo de la década de los 60, Brennan escribe de forma muy productiva, y es entonces cuando comienzan a aparecer las primeras señales de su enfermedad mental. Su aspecto anteriormente elegante e impoluto ahora es el de una mujer poco aseada. Se va abandonando. Sus excentricidades se exageran hasta resultar incómodas, y se convierte en una mujer obsesiva.

A Brennan le gusta deambular en sus narraciones por las zonas más oscuras y sórdidas de la ciudad, y vagabundear por hoteles baratos habitados por personajes solitarios.
En los años ochenta comienza a sufrir episodios psicóticos que le obligan a abandonar poco a poco la escritura. Es hospitalizada numerosas veces. Ya no tiene nada. Ni casa, ni ropa, es una mujer desahuciada. En los 70 Maeve Brennan sufre paranoias y alcoholismo. Los responsables de la revista New Yorker, cuando comprueban el estado físico y mental en el que se encuentra, ponen a su disposición un alojamiento en la ciudad que ella se niega siempre a aceptar. Cuando no está internada en algún hospital, o vagabundeando entre los mendigos de las calles de Nueva York, el único lugar en el que deseaba vivir es en el lavabo de mujeres de las oficinas de la revista New Yorker, donde, ironías del destino, el primer relato que había publicado, The holy terror, narra la vida de Mary Ramsay, encargada durante 30 años del lavabo de señoras del hotel Royal de Dublín.
La última vez que la ven aparecer por la revista es en 1981. Durante esa década desaparece y su trabajo es olvidado.
William Maxwell, el prestigioso editor de ficción de la revista New Yorker y gran amigo de Maeve, que por cierto tiene una novela absolutamente maravillosa titulada “Vinieron como golondrinas” en la editorial Libros del Asteroide, publicó en 1997 una recopilación de los textos sobre Dublín de Maeve Brennan, titulada “The Springs of Affection”. Desde entonces, tanto en Estados Unidos como en Gran Bretaña e Irlanda, se vive una especie de revival continuo de su obra, que se reedita cada varios años. Su novela “The Visitor”, escrita cuando tenía 32 años, se publica por primera vez en el año 2000.
La autora escribió artículos y relatos llenos de ironía, cinismo y ciertas dosis de crueldad.
Su única novela, “The Visitor”, traducida en España como “De visita”, es encontrada después de su muerte entre los manuscritos que guardaba. Publicada por primera vez en 2000, narra con una enorme carga de ironía, cinismo y ciertas dosis de crueldad, el regreso de una joven, Anastasia King, a su Dublín natal tras pasar varios años exiliada en París, ciudad a la que se había trasladado junto a su madre cuando ésta decidió abandonar a su padre.
Maeve Brennan no tenía la costumbre de hablar con nadie de sus proyectos literarios y tampoco conservaba su correspondencia. “The Visitor” narra con precisión exquisita la vida de una joven y sus recuerdos. En ella escribe con lucidez para referirse al lugar en el que uno habita: "El hogar es un lugar en la mente. Cuando está vacío, vibra. Vibra con los recuerdos, rostros, lugares y épocas pasadas".
Maeve Brennan muere de un ataque al corazón en una residencia en Arverne el 1 de noviembre de 1993 a los 76 años. Está enterrada en Queens, Nueva York. A mí “The Visitor” me gustó tanto, que mi perra se llama como ella.